El proyecto parte de una lectura clara del espacio original: compartimentación excesiva, circulación poco eficiente y ausencia de jerarquía entre estancias. La estrategia consiste en liberar el núcleo central, reorganizar los recorridos y potenciar la continuidad visual mediante la eliminación selectiva de tabiques y la integración de elementos estructurales existentes como parte activa del lenguaje arquitectónico.
Las piezas de hormigón visto se mantienen y se ponen en valor como testimonio material del edificio original, dialogando con nuevos planos neutros y superficies cálidas. La vivienda se articula en torno a una zona de día abierta, donde cocina, comedor y estar se relacionan de manera fluida, mientras que la zona privada se ordena a través de un eje claro y limpio que estructura dormitorios y baño.
La materialidad responde a un criterio de equilibrio y honestidad: pavimento continuo en madera natural que unifica las estancias, carpinterías a medida que integran almacenaje sin sobrecargar el espacio, iluminación indirecta que enfatiza volúmenes y texturas, y una paleta cromática sobria donde los tonos neutros se combinan con acentos en azul grisáceo para aportar carácter sin estridencias.
El baño se resuelve con superficies minerales de gran formato, líneas limpias y herrajes en negro que refuerzan la precisión del conjunto. La iluminación y el diseño del mobiliario fijo están pensados para generar profundidad, orden y calidez.
El resultado es una vivienda más luminosa, eficiente y coherente, donde cada decisión —estructural, espacial y material— responde a una estrategia global de proyecto.